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Feliz Navidad2

El Wiwichu

Que podemos desear

Pensamiento Ecológico

Hoy y siempre

Como vivir un gran amor

Como olvidar

Dios habla con las personas

Diez pasos para que logres tu propio infarto

Diez mensajes de Osho

Diez mandamientos seculares

Desde mi cruz a tu soledad

Desesperado

Diabetes

Diez ideas para mantener el humor diario

Diario de un Perro

Después

Después de algunas semanas

Curiosidades de los siglos XV y XVI

Cuerpo de mujer

Cueva cristales Naica

Cuida a tu pareja

Cuidado con los productos en lata

Damas Chinas

Da siempre lo mejor..

El abrazo número 200


El amor cura a la gente, tanto al que lo da, como al que lo recibe. La piel de mi papá estaba floja y de un color cenizo. Estaba conectado a monitores y tubos intravenosos en la unidad de cuidados intensivos del hospital. Este hombre de composición física robusta, había perdido más de 20 kilos. La enfermedad de mi padre había sido diagnosticada como cáncer en el páncreas, una de las formas más malignas de esta enfermedad. Los doctores estaban haciendo todo lo que podían, pero nos dijeron que tenía de tres a seis meses de vida. El cáncer en el páncreas no cede a la terapia de radiación o a la quimioterapia, así que ofrecían muy pocas esperanzas.

Unos días después, cuando mi papá estaba sentado en la cama, me acerqué y le dije “Papá, siento mucho lo que te ha pasado. Me ha ayudado a observar las formas en que he mantenido mi distancia de ti, y sentir cuánto te amo realmente”. Me acerqué para darle un abrazo, pero sus hombros y sus brazos se pusieron tensos.

“Vamos, papá, realmente quiero abrazarte”. Por un momento pareció sorprendido.

Mostrar afecto no era nuestra manera habitual de relacionarnos. Le pedí que se sentara un poco más derecho, para poder poner mis brazos alrededor de él. Entonces volví a intentar. Esta vez, sin embargo, estaba aún más tenso. Pude sentir el viejo rencor empezando a crecer de nuevo, y pensé: “No necesito esto.

i quieres morir y dejarme con la misma frialdad de siempre, adelante”.

Por años utilicé cada suceso de la resistencia y frialdad de mi padre para culparlo, resentirlo y justificándome: “Ves, no le importa”. Ahora, sin embargo, volví a pensar y me di cuenta de que el abrazo era por mi propio bien, así como por el de él. Quería expresar cuánto me interesaba por su persona, sin importar qué tan difícil era para él, dejarme llegar.

Mi padre siempre fue muy orientado a los negocios y al deber; en su infancia, sus padres debieron enseñarle a callar sus sentimientos para poder ser hombre.

Solté las ganas (de mucho tiempo) de culparlo por nuestra distancia, y me encontré ante el reto de brindarle más amor. Dije: “Vamos, papá, pon tus brazos alrededor de mí”. Me acerqué aún más hacia él, al borde de la cama, con sus brazos a mí alrededor. “Ahora aprieta. Eso es. Ahora de nuevo, aprieta. ¡Muy bien!”. De cierta manera le estaba enseñando cómo abrazar y al tiempo que me abrazaba, algo sucedió. Por un instante, surgió una sensación de “Te Amo”. Durante años nuestro saludo había sido un frío y formal apretón de manos que decía “Hola, ¿cómo estás?”. Ahora, tanto él como yo esperábamos que esa cercanía momentánea volviese a suceder. Pero, justo en el momento en que él empezaba a disfrutar el sentimiento de amor, algo se endurecía en su torso y nuestro abrazo se volvía raro e incómodo.

Pasaron meses antes que su rigidez cediera, y fuera capaz de dejar que sus emociones surgieran y me las transmitiera en ese abrazo. Fui la fuente de muchos abrazos antes de que mi padre iniciara un abrazo por su cuenta. No lo culpaba, lo apoyaba, después de todo, estaba cambiando los hábitos de toda la vida y eso necesita tiempo. Cerca de los doscientos abrazos, espontáneamente dijo, por primera vez en mi vida, “Te Amo”.!

Ábrir nuestra mente

Cuatro ranas se han montado sobre un madero que navega arrastrado por las aguas del río. Es una experiencia nueva para ellas y cada una la interpreta a su manera.

La primera dice:
¡Qué madero tan maravilloso! Es un madero mágico que se mueve por fuerza propia como nunca habíamos visto. Parece tener vida.

La segunda rana la corrige:
Te equivocas. El madero no tiene vida ni se mueve. Es como cualquier otro madero inerte. Lo que se mueve son las aguas del río que van hacia el mar y arrastran el madero.

La tercera rana corrige a las dos primeras:
Ni se mueve el madero, ni se mueve el río. Lo único que se mueve es nuestro pensamiento. El movimiento está sólo en la mente. Lo demás es pura ilusión. Ésta es la verdad.

La cuarta rana escucha callada la discusión de las otras tres que se enzarzan en argumentos y, de repente, grita:

¡Cuidado! Oigo el ruido de una catarata por donde vamos a precipitarnos si no escapamos antes.

Las tres ranas están tan empecinadas en tener cada una de ellas la razón, que no escuchan lo que se les advierte.

Sin pensarlo dos veces, la cuarta rana deja de un salto el madero y alcanza la orilla, salvándose. En cambio las otras tres ranas, y el madero, caen por la catarata, mientras el ruido de las aguas, ahoga las palabras de la discusión.

Muchas veces pasa así con nuestras vidas. Estamos tan pendientes de lo que creemos, que no escuchamos la realidad. Por ello es saludable, hacer una parada, observar, escuchar lo que dicen otros y tomar una postura tipo helicóptero, para ver desde arriba u otro ángulo la verdadera esencia. Si no, cuidado, aprenda de la siguiente historia. Se cuenta que la gente de un pueblo retó a un gran mago a escaparse en menos de sesenta segundos de una cárcel a prueba de fugas que el municipio acababa de construir.

El mago aceptó el desafío. Le permitieron entrar en la cárcel con ropa de calle. Los observadores dijeron haber visto al cerrajero dar una vuelta extraña a la llave del cerrojo, pero dejaron que el mago tratase de abrir desde dentro, la cárcel donde estaba encerrado.

El mago había ocultado la barra de acero flexible que utilizaba para abrir cerrojos en la correa de su pantalón. Con la oreja pegada al cerrojo, trató de abrirlo por espacio de 30 minutos… 45 minutos… una hora. Estaba sudoroso. Sintiéndose agotado al cabo de dos horas, se apoyó contra la pared y, para su asombro, ésta se abrió ¡No habían pasado el cerrojo!

¡Éste fue el truco que jugaron al gran artista! La puerta sólo estaba cerrada en la mente del mago ¡únicamente en su mente!

Por todo esto, aprenda a abrir su mente, como lo demuestra la siguiente anécdota.

Cuenta una historia que un ciego y un paralítico se tropezaron uno con otro en medio de un bosque. Ambos se encontraban perdidos y se enfrascaron en una conversación compartiendo sus relatos sobre su vagar en el bosque, durante largo tiempo.

El ciego le dijo al paralítico: No puedo ver el camino de salida.
El paralítico asintió y respondió: Yo no puedo caminar.

Mientras conversaban con tristeza, el paralítico, de repente, exclamó: ¡Ya sé qué podemos hacer! Cárgame en tus hombros y yo te diré por dónde caminar. Juntos vamos a encontrar la salida de este bosque. Y así lo hicieron. Uniendo sus capacidades consiguieron lo que, aisladamente, no habían logrado durante mucho tiempo.

Algún día, Algún día


No puedo hacer mis días más largos, así que procuro hacerlos mejores.
Henry David Thoreau

¿Alguna vez ha conocido a alguien que tenga un sueño tan contagioso que todo el mundo llega a creer en él?

Tuve una amiga en la universidad. Susy Brown era una rubia guapa y atractiva, de enormes ojos verdes y una sonrisa que podía detener una tormenta. Quería ser payasa - payasa de verdad, como los Barnum & Baley- y ensayaba todos los días: se ponía ropa vieja, chistosa, daba volteretas, se inclinaba hacia atrás hasta un punto donde yo pensaba que se quebraría, y brincoteaba por el cuarto cantando: “¡Tengo una nariz grande y coloradota, grandes zapatos cafés y seré la mejor payasa del mundo!”

Y lo habría sido . . . si lo hubiera intentado.
Cuando me topé con Susy unos cuantos años después, no estaba en la pista del centro, no usaba un traje de lunares ni hacía reír a la gente.

Estaba viviendo sola en un departamento, atada a un empleo mal pagado que odiaba y demasiado ocupada para ir al circo cuando llegaba a la ciudad. Tenia 25 años, pero parecía de 65. ¿Saben qué me dijo? “No es el fin, Kay. Algún día tendré otra oportunidad. Algún día llegaré al circo. Algún día cuando... ”.

Como Susy yo también tenía un sueño: Mi sueño era ser un conferencista capaz de inspirar a las personas para que hicieran lo que querían hacer; pero primero debía tener la confianza suficiente para pararme delante de una sala llena de gente, abrir la boca y lograr que algo... lo que fuera... saliera de ella.

Sin embargo, tenía tanto miedo que ¡ni siquiera podía decir una plegaria en silencio!
Mi cerebro había empezado a funcionar el día que nací, pero, sin duda, ¡se detenía cuando trataba de hablar en público!.

Durante años dije que quería desarrollar mi habilidad para la oratoria, pero siempre tenía una excusa para no hacerlo; no sabía cómo. Cuando uno tiene miedo de hacer algo, un pretexto sirve tanto como otro. Un día, después de haberle contado mi sueño a muchas personas y de prepararme para él durante tanto tiempo, me quedé sin pretexto. Sabía que tenía que superar mi miedo a hablar en público.

La primera vez que traté de pronunciar un discurso, sólo había diez personas en la sala y a todos los conocía. También sabía muy bien mi discurso, pero cuando me puse de pie para hablar, todas las funciones de mi cuerpo fallaron. La memoria se detuvo. Mis ojos veían sin mirar y no podía ver al público.

El corazón me latía desbocado como si tratara de salirse de mi pecho. Mi cuerpo cayó en una especie de rigor mortis. ¡El desodorante dejó de funcionar! Respiré hondo, sentí la cabeza ligera, miré a mis amigos y, con toda calma, ¡me desmayé!.
Muy lentamente, llegué a aprender a hablar en público. Incluso gané unos cuantos premios de oratoria. Con cada éxito, fui reuniendo valor. Y, con cada derrota, fui acumulando fuerza. A la larga, llegué a ser finalista del ¡Campeonato Internacional de Oratoria!
¿Recuerdan a mi amiga Susy Brown? Mi amiga bella y talentosa murió de cáncer a los 30 años, sin llegar a un circo jamás. Su “algún día” jamás llegó. La última vez que la vi me dijo: “Kay, me gustaría tener otra oportunidad para tratar”. Dejar los sueños pendientes es como dejar la vida pendiente.

Dos sueños . . . dos finales . . . yo di el primer paso; Susy dejó su sueño pendiente. Si Susy pudiera hablarnos ahora, estoy segura que diría: “No tengas miedo de tratar de alcanzar una estrella; para eso las puso Dios tan lejos, justo por eso”.

Fuente: Historia tomada del libro “Chocolate para el alma de la mujer”, de Kay Allenbaugh.

Ya para finalizar, me gustaría dejarles unos pensamientos, que sé causarán reflexión en ustedes.

* La vida no conocida, no vale la pena vivirla.
Sócrates

* El espíritu en el sueño tiene claras visiones.
Esquilo

* Cuanto más aptos somos para hacer consciente lo que es inconsciente, más grande es la cantidad de vida que integramos.
Carl Gustav Jung

* Quien se queda mucho tiempo mirando a los sueños termina pareciéndose a una sombra.
André Malraux

* Ten cuidado con tus sueños, son las sirenas de las almas.
Gustave Flaubert

* La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.
William Faulkner

El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa.
Johann F. Hölderlin

De todas las invenciones el sueño es la más preciosa.
Heinrich Heine

El entusiasmo es un volcán en cuyo cráter no crece la hierba del titubeo.
Jalid Gibrán

Algo mas que dinero


Se acercaba mi cumpleaños y quería ese año pedir un deseo especial al apagar las velas de mi pastel. Caminando por el parque me senté al lado de un mendigo que estaba en uno de los bancos, el más retirado, viendo a dos palomas revolotear cerca del estanque. Me pareció curioso ver al hombre de aspecto abandonado, mirar las avecillas con una sonrisa en la cara que parecía eterna. Me acerqué a él con la intención de preguntarle porqué estaba tan feliz. Quise también sentirme afortunado al conversar con él, para experimentar mi ego personal sobre las cosas que he logrado en la vida

Me acerqué entonces al hombre y le pregunté: ¿Caballero que pediría usted como deseo en su cumpleaños?. Pensando que el hombre contestaría "dinero", me preparaba para entregárselo y hacer así la obra de caridad del año. No sabe usted mi asombro cuando el hombre me contesta lo siguiente, con la misma sonrisa en su rostro que no se le había borrado y nunca se le borró: Amigo si pidiese algo más de lo que tengo sería muy egoísta. Yo ya he tenido de todo lo que necesita un hombre en la vida y más.

Vivía con mis padres y mi hermano antes de perderlos una tarde de junio, hace mucho. Conocí el amor de mi padre y mi madre que se desvivían por darme todo el cariño que les era posible dentro de nuestras limitaciones económicas. Al perderlos, sufrí muchísimo pero entendí que hay otros que nunca conocieron ese amor que yo si y me sentí mejor. Cuando joven conocí una niña de la cual me enamoré perdidamente, un día la besé y me enamoré. Hay personas que nunca han conocido el amor y me sentí mejor.

Un día en este parque un niño correteando cayó al piso y comenzó a llorar, yo fui, lo ayudé a levantarse, le sequé las lágrimas con mis manos y jugué con él por unos instantes más y aunque no era mi hijo me sentí padre, y me sentí feliz porque pensé que muchos no han conocido ese sentimiento. Cuando siento frío y hambre en el invierno, recuerdo la comida de mi madre y el calor de nuestra pequeña casita y me siento mejor porque hay otros que nunca lo han sentido y tal vez no lo sientan nunca.

Cuando consigo dos piezas de pan comparto una con otro mendigo del camino y siento el placer que da compartir con quien lo necesita, recuerdo que hay unos que jamás sentirán esto. Mi querido amigo, que más puedo pedir a Dios o a la vida cuando lo he tenido todo, y lo más importante es que estoy consciente de ello. Puedo ver la vida en su más simple expresión, aceptando lo que yo le doy. A veces, por no decir muchas, nos enfrascamos en el valor de materiales que, simplemente, son cosas y nada más.

Miré hacia el suelo un segundo como perdido en la grandeza de las palabras de aquel sabio que me había abierto los ojos en su sencillez; cuando miré a mi lado ya no estaba, sólo las palomitas y un arrepentimiento enorme de la forma en que había vivido sin haber conocido la vida. Jamás pensé que aquel mendigo, tal vez un ángel enviado por el Señor, me daría el regalo más precioso que se le puede dar a un ser humano... LA HUMILDAD.

Fuente: Un mendigo desconocido.
El pájaro no canta porque es feliz, es feliz porque canta. El secreto de la vida no es hacer lo que más nos gusta sino amar profundamente lo que hacemos.

Ahora lo entiendo


Siendo niño pertenecía al Movimiento Scout. Ahí nos enseñaban, entre tantas cosas, la importancia de la "Buena acción" que consistía en realizar todos los días actos generosos y nobles, como recoger algún papel en la calle y botarlo en la papelera, ayudar en la casa a lavar los platos, cuidar la fauna y la flora, ayudar a alguna persona anciana o impedida a cruzar la calle.

Un día caminaba por una calle coriana y vi a un perro tirado en plena vía sin poder moverse. Estaba herido, ya que un carro lo había atropellado y tenía rotas las dos patas traseras. Los vehículos le pasaban muy de cerca y mi temor era que lo mataran porque era imposible que él solo pudiera levantarse. Vi allí una gran oportunidad para hacer la "Buena Acción" y como buen Scout detuve el tráfico, me dispuse a rescatar al perro herido y ponerlo a salvo para entablillarle las patas. Yo nunca había entablillado a nadie pero el "Manual Scout" decía cómo hacerlo. Con mucho amor y entrega me acerqué, lo agarré pero me clavó los dientes en las manos. Inmediatamente me llevaron a la Sanidad y me inyectaron contra la rabia, aunque la rabia que tenía por la mordida no se me quitó con la vacuna.

Durante mucho tiempo no entendí por qué el perro me había mordido si yo sólo quería salvarlo y no hacerle daño, no sé que pasó y no me lo pude explicar. Yo quería ser su amigo, es más, pensaba curarlo,bañarlo, dejarlo para mí y cuidarlo mucho. Ésta fue la primera decepción que sufrí por intentar hacer el bien, no lo comprendí. Que alguien haga daño al que lo maltrata es tolerable, pero que trate mal a quien lo quiere ayudar no es aceptable.

Pasaron muchos años hasta que vi claro que el perro no me mordió, quien me mordió fue su herida; ahora sí lo entiendo perfectamente. Cuando alguien está mal, no tiene paz, está herido del alma. Y si recibe amor o buen trato de alguien: ¡Muerde!. Pero él no hunde los dientes, es su herida la que los clava. Comprende el malestar de las personas que te rodean. Cuando alguien te grita, te ofende, te critica o te hace daño no lo hace porque quiere mal sino porque está herido, está herido del alma, se siente mal o algo malo está pasando por su vida. No te defiendas ni lo critiques, más bien compréndelo, acéptalo y ayúdalo.

Fuente: Tomado del libro "El arte de combinar el Sí con el No". Padre Ricardo Bulmez.

El día que podamos ver cada hecho de la vida, incluso una tragedia, como un regalo oculto, ese día habremos encontrado la mejor forma de nutrir nuestra alma.
Elisabeth Kubler-Ross

Cuando nos encontramos con circunstancias duras de la vida podemos tomar varios caminos: sentimientos de derrota, desesperación y pensamientos negativos. También podemos tomar el camino de ver lo negativo como una oportunidad para volver a comenzar, o simplemente una razón para crecer. A veces, sin querer, estamos tan inclinados y condicionados por el objetivo de conseguir lo que queremos, que perdemos la oportunidad de aprender las lecciones que nos enseña la vida. Alimentar el alma significa abrir nuestro corazón a las lecciones de la vida y conformarnos con lo que hemos aprendido. Una de las mejores formas de hacer esto es obrar siempre de acuerdo con lo que sentimos que está bien, seguir nuestras reacciones viscerales.

A quien dejare mi reino


Una vez en un vasto reino, un rey estaba envejeciendo. Decidió que era tiempo de elegir a un heredero entre sus cuatro hijos, por lo cual los llamó para tratar la sucesión de su reino. Después de algunas lunas, los hijos llegaron y esperaron a su encuentro.

El rey llamó uno a uno. Cuando entró el primer hijo a la cámara del rey y se sentó, le dijo: “Hijo mío, ya estoy muy viejo y no viviré mucho tiempo más. Deseo confiar mi reino al hijo que esté más capacitado para recibirlo. Dime, si yo te cedo mi reino, ¿Qué le darás al mismo?”.

Este hijo era muy rico. Por lo tanto, luego de la pregunta, contestó:

“Soy un hombre de gran fortuna. Si tú me dejas tu reino, le daré al mismo toda mi fortuna, y será el reino más rico del mundo”.

“Gracias, hijo mío”, dijo el rey y lo despidió.

Cuando entró el segundo hijo, el rey le dijo: “Hijo mío, ya estoy muy viejo y no viviré mucho tiempo más. Deseo confiar mi reino al hijo que esté más capacitado para recibirlo. Dime, si yo te cedo mi reino, ¿Qué le darás al mismo?”. Este hijo era muy inteligente. Por lo tanto, luego de la pregunta, contestó lo siguiente:

“Yo soy un hombre muy inteligente. Si tú me dejas tu reino, le daré toda mi inteligencia y sabiduría, y será el reino más inteligente del mundo”.

“Gracias, hijo mío”, dijo el rey y lo despidió.

Cuando entró el tercer hijo, el rey le dijo: “Hijo mío, ya estoy muy viejo y no viviré mucho tiempo más. Deseo confiar mi reino al hijo que esté más capacitado para recibirlo. Dime, si yo te cedo mi reino, ¿Qué le darás al mismo?”. Este hijo era de gran fortaleza física.

Por lo tanto, luego de la pregunta, contestó lo siguiente: “Yo soy un hombre de gran fortaleza física. Si tú me dejas tu reino, le daré toda mi fuerza y será el reino más fuerte del mundo”.

“Gracias, hijo mío”, dijo el rey y lo despidió.

El cuarto hijo entró y fue saludado por el rey de la misma forma que los otros tres. “Hijo mío, ya estoy muy viejo y no viviré mucho tiempo más. Deseo confiar mi reino al hijo que esté más capacitado para recibirlo. Dime, si yo te cedo mi reino, ¿Qué le darás al mismo?”.

Este hijo no era especialmente rico o inteligente o fuerte, por lo cual contestó:

“Padre mío, tú sabes que mis hermanos son mucho más ricos, inteligentes y fuertes que yo. Mientras ellos pasaron años conquistando esos atributos, yo pasé mi tiempo entre la gente de tu reino. Compartí con ellos sus enfermedades y su aflicción. Y he aprendido a amarlos. Me temo que lo único que puedo darle a tu reino es mi amor por la gente.

Sé que mis hermanos tienen mucho más para ofrecerte que yo, por lo tanto no me voy a disgustar si no soy elegido como tu heredero. Simplemente haré lo que he estado haciendo siempre”. Pasaron algunos meses y el invierno sorprendió al rey.

Sus últimos días llegaron y en una noche de embellecida Luna, murió. Los días transcurrían y la gente se impacientaba ansiosamente por conocer la decisión de su rey.

Para mucha sorpresa de algunos la noticia se anunció. Y el más grande regocijo, jamás visto en el reino, estalló cuando se supo que el cuarto hijo había sido nombrado por el rey como su sucesor.

Ningún hombre puede ascender más allá de sus limitaciones de su propio carácter.
John Morley

Se cuenta que el cuarto hijo aprendió algo muy importante, en su niñez. Escuchó una conversación de su padre con un aprendiz de palacio: “Cuidado con tus obras”, dijo el aprendiz: “Piensa en lo que las generaciones futuras dirán de ti”. “¡Y qué!”, respondió su padre.

“Cuando yo me muera, todo estará acabado y no me importa lo que dirán”.

A raíz de esas palabras, que nunca olvidó, su cuarto hijo se esforzó por hacer el bien, ayudar a las personas a ejecutar su trabajo con entusiasmo. Se volvió un hombre conocido por su preocupación por los demás y ayudó a un gran número de obras que mejoraron el nivel de vida de su ciudad.

Cuando el cuarto hijo se coronó como rey, mandó a grabar en la tumba de su padre: “Una vida que termina con la muerte, es una vida que no valió la pena”.


Ahora duermo para soñar



Y así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar...
... Decidí no esperar a las oportunidades sino yo mismo buscarlas;
... Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución;
... Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un Oasis;
... Decidí ver cada noche como un misterio por resolver, y cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
... Aquel día descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas está la única y mejor forma de superarnos;
...Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar;
... Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de importar quien ganara o perdiera, ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.
... Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir;
... Aprendí que el mejor momento del triunfo que puedo tener, es el derecho de llamar a alguien “Amigo”.
... Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, “el amor es una filosofía de vida”.
... Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente;
... Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el cambio de los demás.
... Aquel día decidí cambiar tantas cosas...
... Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad...
... Desde aquel día ya no duermo para descansar...
...ahora simplemente duermo para soñar...

Walt Disney

Después de leer este pensamiento, y comprender la grandeza de sus ideales, quisiera compartir la metáfora del roble y la bellota del doctor Progoff:

En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.

...Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo. En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después.
Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen para dar.
Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.
Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas... para convertirse en árboles.

Arboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.
Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado, nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez enceguecedora.

Nada hay que temer, ... una sabiduría interior las acompaña... porque cada semilla sabe... cómo llegar a ser árbol. Los sueños están constituidos por partículas que activan la felicidad que cada quien desea alcanzar en la vida. Si realmente deseas buscar la felicidad, a continuación te describiré una receta que aplico en la vida, y que precisamente comienza con saber soñar:

3 kilogramos de sueños
1 kilogramo de recuerdos infantiles
2 tazas de sonrisas
2.5 kilogramos de esperanzas
100 gramos de ternura
5 latas de cariño
40 paquetes de alegría
1 pizca de locura
8 kilogramos de amor
5 kilogramos de paciencia

1. Prepara tus ilusiones, rebosándolas con una mezcla de pasión.
2. Limpia los recuerdos, quitándoles las partes que estén echadas a perder o que no sirvan. Agrégale una a una las sonrisas, hasta formar una pasta suave y dulce.
3. Ahora, añade las esperanzas y permite que repose, hasta que doble su tamaño.
4. Lava con agua cada uno de los paquetes de alegría, pártelos en pequeños pedacitos y mezcla con todo el cariño que encuentres.
5. Aparte, incorpora la paciencia, la pizca de locura y la ternura cernida.
6. Divide en porciones iguales todo el amor y cúbrelos con la mezcla anterior.
7. Hornéalas durante toda tu vida en el horno de tu corazón.
8.Disfrútalas siempre con toda tu familia... con el sabor de lo nuestro.

Consejo: Puedes agregar a la mezcla anterior dos cucharadas de comprensión y 300 gramos de comunicación para que esta receta te dure para siempre. Imaginemos por un momento lo que puede mejorar aún más esta receta, si cada quien le añade ese ingrediente secreto y especial que nos caracteriza...

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