No puedo hacer mis días más largos, así que procuro hacerlos mejores.
Henry David Thoreau
¿Alguna vez ha conocido a alguien que tenga un sueño tan contagioso que todo el mundo llega a creer en él?
Tuve una amiga en la universidad. Susy Brown era una rubia guapa y atractiva, de enormes ojos verdes y una sonrisa que podía detener una tormenta. Quería ser payasa - payasa de verdad, como los Barnum & Baley- y ensayaba todos los días: se ponía ropa vieja, chistosa, daba volteretas, se inclinaba hacia atrás hasta un punto donde yo pensaba que se quebraría, y brincoteaba por el cuarto cantando: “¡Tengo una nariz grande y coloradota, grandes zapatos cafés y seré la mejor payasa del mundo!”
Y lo habría sido . . . si lo hubiera intentado.
Cuando me topé con Susy unos cuantos años después, no estaba en la pista del centro, no usaba un traje de lunares ni hacía reír a la gente.
Estaba viviendo sola en un departamento, atada a un empleo mal pagado que odiaba y demasiado ocupada para ir al circo cuando llegaba a la ciudad. Tenia 25 años, pero parecía de 65. ¿Saben qué me dijo? “No es el fin, Kay. Algún día tendré otra oportunidad. Algún día llegaré al circo. Algún día cuando... ”.
Como Susy yo también tenía un sueño: Mi sueño era ser un conferencista capaz de inspirar a las personas para que hicieran lo que querían hacer; pero primero debía tener la confianza suficiente para pararme delante de una sala llena de gente, abrir la boca y lograr que algo... lo que fuera... saliera de ella.
Sin embargo, tenía tanto miedo que ¡ni siquiera podía decir una plegaria en silencio!
Mi cerebro había empezado a funcionar el día que nací, pero, sin duda, ¡se detenía cuando trataba de hablar en público!.
Durante años dije que quería desarrollar mi habilidad para la oratoria, pero siempre tenía una excusa para no hacerlo; no sabía cómo. Cuando uno tiene miedo de hacer algo, un pretexto sirve tanto como otro. Un día, después de haberle contado mi sueño a muchas personas y de prepararme para él durante tanto tiempo, me quedé sin pretexto. Sabía que tenía que superar mi miedo a hablar en público.
La primera vez que traté de pronunciar un discurso, sólo había diez personas en la sala y a todos los conocía. También sabía muy bien mi discurso, pero cuando me puse de pie para hablar, todas las funciones de mi cuerpo fallaron. La memoria se detuvo. Mis ojos veían sin mirar y no podía ver al público.
El corazón me latía desbocado como si tratara de salirse de mi pecho. Mi cuerpo cayó en una especie de rigor mortis. ¡El desodorante dejó de funcionar! Respiré hondo, sentí la cabeza ligera, miré a mis amigos y, con toda calma, ¡me desmayé!.
Muy lentamente, llegué a aprender a hablar en público. Incluso gané unos cuantos premios de oratoria. Con cada éxito, fui reuniendo valor. Y, con cada derrota, fui acumulando fuerza. A la larga, llegué a ser finalista del ¡Campeonato Internacional de Oratoria!
¿Recuerdan a mi amiga Susy Brown? Mi amiga bella y talentosa murió de cáncer a los 30 años, sin llegar a un circo jamás. Su “algún día” jamás llegó. La última vez que la vi me dijo: “Kay, me gustaría tener otra oportunidad para tratar”. Dejar los sueños pendientes es como dejar la vida pendiente.
Dos sueños . . . dos finales . . . yo di el primer paso; Susy dejó su sueño pendiente. Si Susy pudiera hablarnos ahora, estoy segura que diría: “No tengas miedo de tratar de alcanzar una estrella; para eso las puso Dios tan lejos, justo por eso”.
Fuente: Historia tomada del libro “Chocolate para el alma de la mujer”, de Kay Allenbaugh.
Ya para finalizar, me gustaría dejarles unos pensamientos, que sé causarán reflexión en ustedes.
* La vida no conocida, no vale la pena vivirla.
Sócrates
* El espíritu en el sueño tiene claras visiones.
Esquilo
* Cuanto más aptos somos para hacer consciente lo que es inconsciente, más grande es la cantidad de vida que integramos.
Carl Gustav Jung
* Quien se queda mucho tiempo mirando a los sueños termina pareciéndose a una sombra.
André Malraux
* Ten cuidado con tus sueños, son las sirenas de las almas.
Gustave Flaubert
* La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.
William Faulkner
El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa.
Johann F. Hölderlin
De todas las invenciones el sueño es la más preciosa.
Heinrich Heine
El entusiasmo es un volcán en cuyo cráter no crece la hierba del titubeo.
Jalid Gibrán
No hay comentarios:
Publicar un comentario