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Y dijimos que estaba bien

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Votado como el mejor power point del 2008

Dios es amor


Dios me pidio que te dijera


Bienvenidos a mi Blog Personal

Mi nombre es Ninoska Mujica, soy venezolana y con un orgullo inmenso de mi país y de su gente, después de mucho tiempo pensándolo he decidido embarcarme en la idea de crearme un Blog Personal, para mi es un placer enorme darles la bienvenida.

Aquí encontraran gran variedad de pensamientos, reflexiones recogidos en la red, interesantes artículos extraídos de revistas y libros; que lograran aliviar la presión por el strees que para el momento puedan estar viviendo, vivencias, historias, casos reales, consejos de medicina y salud, chistes, fotos de distintos sitios que he visitado dentro de mi amado país Venezuela; en pocas palabras de todo un poco que nos mantendrán en contacto.
Realmente tengo muchos objetivos y expectativas para este blog y supongo que me irán surgiendo mas en el transcurso de su creación, se de muchas personas que han creado un Blog y cuando más interesante está; ya no responden y lo abandonan,… tratare en lo posible que no sea mi caso, solo dejare de actualizarlo el día que tenga que mudarme de vida.
Ofrecer mis servicios de transcripción de trabajos de estudio, tesis y otros, arreglo de cortinas y ropa, cotillones, recuerdos para diferentes eventos o fiestas, coreografías de bailes a colegios y otras agrupaciones entre otros.
¡Estaré muy agradecida si se animan a participar mediante comentarios, y que me hagan llegar cualquier inquietud, opinión o sugerencia!

Deseando que disfruten el contenido de mi Blog, al cual iré añadiéndole mas para el disfrute de ustedes

Un cordial saludo y que Dios les bendiga!!

La Formula de la Víctoria


Esta historia es un relato de la vida real de Lou Holtz, quien fue entrenador principal de la Universidad de Notre Dame.

Cuando lo desafiaron para que describiera los elementos esenciales en su fórmula para ganar, Holtz presentó diez principios que pueden producir un equipo ganador en el campo de fútbol o fuera de éste. En sus propias palabras enumeramos su Fórmula de la Victoria:

1. Hágalo correctamente. Saber lo que es correcto y lo que es incorrecto. Demasiadas personas en este país hablan de sus derechos personales. Soy todavía una de esas personas anticuadas que creen en las obligaciones y en las responsabilidades.
2. Actúe lo mejor posible. No es suficiente tener las habilidades tradicionales. Para tener éxito siempre, cada individuo debe esforzarse para actuar lo mejor que le sea posible.
3. Trate a los demás como desea ser tratado. Nunca he visto un negocio, una familia, una organización o un equipo de fútbol que no cambie si usted genera amor, apreciación mutua y sentimientos de compañerismo.
4. Fije objetivos. Debe tener algo que desee obtener. Todos tienen que comprender lo que tratamos de lograr. ¿Por qué estamos aquí? Existen muchos motivos por los que los jóvenes jugadores están aquí en Notre Dame: están aquí para recibir educación y para ganar partidos de fútbol.
5. Acepte su papel. No todos pueden ser el jugador de defensa número uno en Notre Dame. Sin embargo, para que el equipo triunfe, todos, desde el aguador hasta el entrenador, tienen que aceptar la participación que les tocó y actuar lo mejor posible.
6. Bases para la práctica. Todo nuestro programa está basado en hacer cosas pequeñas correctamente. Si no presta atención a las cosas pequeñas, todas las bases de su organización se derrumbarán.
7. Crea en sí mismo. Deseo tener un grupo de jugadores que crean en sí mismos. No puede ser un buen entrenador, un jugador de fútbol fabuloso o un gran empresario, si no tiene fe en sí mismo.
8. Interésese en las personas. El trabajo en equipo es la base del éxito. Las tres preguntas universales que una persona formula a un entrenador, jugador, empleado, jefe, son: ¿Puedo confiar en ti? ¿Te comprometes a lograr la excelencia? ¿Te interesas en mí? Si no nos interesamos uno en el otro, no tenemos oportunidad.
9. Venza la adversidad. Hay una cosa en la vida que es universal. Tendrá problemas, por lo tanto, debe estar preparado para solucionarlos.
10. No se acobarde. Crea en triunfar. No puede acobardarse. No puede permitir que la gente piense que está seriamente en peligro de fracasar.

¿De qué nos alimentamos?

Todos sabemos que el alimento sano nutre y sana el cuerpo. Pero lo que muchas personas no comprenden aún es que los pensamientos sanos alimentan el alma y el corazón.

En realidad, los pensamientos sanos, inspiradores y autoafirmadores contribuyen a sanarnos el cuerpo y nos ayudan a conseguir nuestros objetivos en la vida. Los pensamientos de duda y temor, sin embargo, nos bloquean la fe en nosotros mismos y se interponen en nuestro camino hacia la consecución de los deseos.

La Fórmula de la Victoria es una excelente metáfora para nutrir nuestra visión de la vida. Nos impulsa a llenarnos de retos y hacer el trabajo de una manera extraordinaria.

¿Por qué es importante la Fórmula de la Victoria? Los estudios han demostrado que más del 50 por ciento de los pensamientos que tiene una persona corriente son despectivos con respecto a sí misma. Por lo tanto, no es de extrañar que a muchos les resulte muy difícil llevar a cabo cambios sanos y estimulantes en sus vidas y más difícil aún hacer realidad sus sueños. Los pensamientos son el alimento de la mente.

Cuando nos concentramos en nuestras inspiraciones y enfocamos los pensamientos en la dirección de nuestros objetivos deseados, damos pie a que se produzcan fabulosas consecuciones. Cambiar los pensamientos nos cambia la vida, porque la conciencia atrae y perpetúa lo que pensamos y lo que creemos. Por eso, no dude en la Fórmula de la Victoria, y más en estos tiempos, donde la diferencia sólo puede ser un milímetro, un bolívar o un simple acto de educación.

Eres dueño de tu propia vida

¿Tomas tus propias decisiones o hay veces que sientes que no tienes ningún control, como si no tuvieras elección? Es posible que en muchas ocasiones hayas sentido que todo el mundo controla tu vida menos tú y que estás a disposición de todos los demás.

¿De quién es la vida?

Antes mi vida consistía en una sucesión de «deberías» o «no deberías», «tienes que» o «no tienes que», «debes» o «no debes». ¡Siempre había alguien que me dijera que debería haber escrito esa carta antes, alguien que me dijera que tenía que terminar el trabajo ese día o alguien que me dijera que debía hacer alguna cosa si quería evitar esta o la otra situación! ¿Te resulta familiar todo esto?

Me sentía siempre como si mi vida estuviera bajo el control de una persona ajena a mí, como si alguien manejara mis hilos. Me sentía agotado y siempre había algo más que debiera haber hecho antes de irme a dormir. La cuestión es que realmente empecé a pensar que no tenía opciones, pero sin querer me di cuenta de algo, que produjo un gran efecto tanto en mi forma de pensar como en mi forma de hablar: Las palabras que empleaba para hablar conmigo mismo y con los demás no me ayudaban en absoluto. Utilizaba estas palabras que constantemente me hacían sentir permanentemente desautorizado. Cedía el control y me mantenía en la creencia de que yo no podía controlar mi destino, lo que no me ayudaba nada en absoluto, así que cambié mi forma de hablar.

¿Qué tengo que cambiar?

Bien podría afirmarse que el lenguaje es semántico y desde luego estoy de acuerdo, pero, ¿tienen las palabras algún poder? Por supuesto que sí. La vida no tiene ningún sentido hasta que tú se lo das. La forma en que describimos algo determina la forma en que probablemente será. Supongamos por ejemplo que ocurre algo y tú dices:

Palabras como «debería» y «debo» implican que no hay posibilidad de elección y cuando pensamos que no tenemos posibilidad de elección, nos sentimos presionados y por lo tanto no pensamos ni actuamos tan bien como en realidad podemos. En lugar de ellas, utiliza palabras como «elijo hacer esto» o «elijo no hacer esto» ya que lo cierto es que siempre tenemos elección: sólo tenemos que ser conscientes de que unas opciones nos resultan menos cómodas que otras. Por ejemplo, cuando te dices a ti mismo «Debería terminar este trabajo hoy>>, ¿cómo te sientes cuando piensas en él y en lo bien que lo harás? Después piensa que tienes la posibilidad de hacerlo hoy o no. Decidir no hacerlo puede resultarte doloroso: ¡si no lo haces te echarán del trabajo! Pero ¿qué ocurre si te dices a ti mismo «Elijo hacer este trabajo hoy»? ¿Cómo te sientes cuando piensas en el trabajo? Lo que es más, ¿quién tiene el control?

Anota en papeles adhesivos algunas palabras de desautorización en letras mayúsculas. Después táchalas con una gran cruz roja y pega las notas en algún sitio a la vista, como la nevera, el cajón de la ropa interior o el televisor. Este ejercicio te ayudará a ser consciente de la frecuencia con que las usas y del poco control que ejerces sobre tu vida. Cambia las palabras que utilizas por «elijo» y «no elijo» Tuve un cliente que necesitaba ayuda para superar un cáncer de próstata. Cuando le pregunté por su vida me contó lo que debía hacer y lo que debería estar haciendo. Cedía el control de su vida a un elemento exterior, pero el cáncer estaba dentro de él. Le indiqué que realizara este ejercicio y, cuando volvió una semana después, era una persona muy distinta. Había decidido él mismo qué quería hacer: al cambiar su forma de hablar había recuperado el control de su vida. Ahora era posible empezar a superar el tema del cáncer.

Recomendaciones adicionales

.- No decidir es decidir. Tomar cualquier tipo de acción es un tipo de decisión. Aunque quieras o no quieras, estás decidiendo. Por eso es importante, que sientas claridad por lo que decidas o no decidas, ya que estás tomando una decisión.

.- Cuando elijes, te pruebas en valor, te conviertes en tus consecuencias, acaricias el verdadero sabor de la valentía.

.- Nunca es tarde para ver de qué tamaño eres; nunca es tarde para arriesgarte en una decisión; nunca es tarde para demostrarte que eres protagonista de la construcción de un “algo” que vale la pena.

.- Nunca es negativo explorar opiniones, pero es un placer sentir el privilegio de tomar tus propias decisiones.

Tus decisiones pintarán un camino de color, que aunque a veces se torne gris, no tardará mucho tiempo en llenarse de color.

Enseñanzas entre hijo y padre


A menudo aprendemos mucho de nuestros hijos, y no nos damos cuenta de ello. Son como las enseñanzas del mejor maestro de ajedrez, astutas y, cuando uno menos espera, determinantes. Veamos si es verdad, con la siguiente historia contada por un amigo de esta humanidad:

Hace algún tiempo, un padre castigó a su hija de tres años por desperdiciar un rollo completo de papel dorado, de esos que se utilizan para envolturas de regalo. Estaban escasos de dinero y no podía reponerlo. Luego se puso furioso cuando la niña intentó decorar otra caja de regalo.

A pesar de todo, al día siguiente, la niña le llevó un regalo a su papá y le dijo:

-Esto es para ti, papi.

-El se sintió avergonzado de su reacción anterior, pero su enojo volvió cuando vio la caja vacía.

-Él le gritó, y dijo: ¿No sabes que cuando uno da un regalo, se supone que hay algo dentro?

-La pequeña niña, con lágrimas en sus ojos, sin saber qué hacer, lo miró y dijo:

-Papi no está vacía, yo tiré besitos dentro de la caja y la cerré, todos para ti, papito.

El padre se sintió destrozado. Abrazó a su hijita y le rogó que lo perdonara.

Mi amigo me dijo que él conserva aquella caja desde ese día junto a su cama y cuando se siente desanimado o preocupado, saca uno de aquellos besos en el aire y recuerda todo el inmenso amor que había depositado si hijita allí.

Los niños, ricos de alegría y risas, están alertas a todo cuanto atente su algarabía. Una muestra de ello lo veremos en la siguiente oración, que construyó un niño de este mundo:

Señor, esta noche te pido algo especial:

Conviérteme en un televisor, porque quisiera ocupar su lugar para poder vivir lo que vive el televisor de mi casa.

Tener un cuarto especial para mí.

Congregar a todos los miembros de la familia a mi alrededor.

Ser el centro de atención, al que todos quieren escuchar, sin ser interrumpido ni cuestionado.

Que me tomen en serio cuando hablo.

Sentir el cuidado especial que recibe la televisión cuando algo no le funciona.

Tener la compañía de mi papá cuando llega a casa aunque esté cansado del trabajo. Que mi mamá me busque cuando esté sola y aburrida, en lugar de ignorarme.

Que mis hermanos se peleen por estar conmigo. Divertirlos a todos, aunque a veces no les diga nada. Vivir la sensación de que lo dejen todo por pasar unos momentos a mi lado.

Señor, no te pido mucho, todo esto lo vive cualquier televisor del mundo...

Inspirado en un texto de José Luis Martín Descalzo.

Creo que las explicaciones sobran..., sólo quedan reflexiones.

Me gustaría finalizar con otra enseñanza, que nos deja otro niño, de más edad que el anterior. Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo en un viaje por el campo, con el firme propósito de que su hijo viera cuan pobres era la gente del campo. Estuvieron por espacio de dos días y una noche en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje y de regreso a casa, el padre le pregunta a su hijo: ¿Qué te pareció el viaje? Muy bonito, contestó el hijo. Viste que tan pobre puede ser la gente, le dice su padre. ¡Sí!, replica su hijo.

¿Qué aprendiste?, nuevamente le pregunta su padre.

Entonces su hijo contesta: Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina que llega a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen unas estrellas que alumbran sus penurias.

Nuestro patio llega hasta la barda de la casa; el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para platicar y convivir en familia; tú y mami tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo.

Al terminar el relato, el padre se quedó mudo... a lo que su hijo agregó: ¡¡¡ Gracias papá por enseñarme lo rico que podemos llegar a ser !!!


Cuando tu hijo te busque con la mirada... míralo.
• Cuando tu hijo te busque con su boca... bésalo.
• Cuando tu hijo te tienda los brazos... abrázalo.
• Cuando tu hijo te quiera hablar... escúchalo.
• Cuando tu hijo se sienta desamparado... ámalo.
• Cuando tu hijo se sienta solo... acompáñalo.
• Cuando tu hijo te pida que lo dejes... déjalo.
• Cuando tu hijo te pida volver... recíbelo.
• Cuando tu hijo se sienta triste... consuélalo.
• Cuando tu hijo esté en el esfuerzo... anímalo.
• Cuando tu hijo esté en el fracaso... protégelo.
• Cuando tu hijo pierda toda esperanza... aliéntalo.

Anónimo

La determinación para vivir intensamente

Grabad esto en vuestro corazón: cada día es el mejor del año.

Ralph Waldo Emerson

Pierde el tiempo hoy, y mañana será igual y pasado aún peor.

Cada indecisión conlleva sus propios retrasos y los días se pierden lamentando el tiempo perdido.

¿Estás decidido? Pues no dejes escapar el presente, la audacia es genialidad, poder y magia en sí misma.

Basta con que te comprometas y la mente se enardecerá, ¡Empieza ya y se realizará el trabajo!

Goethe

Hacer cada vez mejores a los días es, sin duda, el arte más milenario del mundo. Lo único que requiere es voluntad, y saber entender las cosas desde un ángulo relativamente distinto. Experimentar cada momento de la manera más completa posible, es un hábito que se aprende. Tienes que practicarlo. Vivirás, morirás, y eso es todo. Cuando te hayas ido, no podrás recoger los beneficios ni las ganancias de la forma humana particular que tienes actualmente. Incluso si crees en la reencarnación, no volverás al mismo cuerpo.

El TIEMPO perdido no existe. Vives lo que estás viviendo AHORA MISMO.

Por mucho que lo desees, no puedes estar en ningún otro sitio salvo donde estás. Este momento es igual de importante que el resto de momentos de tu vida. Vívelo y experiméntalo plenamente, tal como se recoge en las siguientes palabras del anonimato:

“No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer, sus derrotas y sus sufrimientos. Viviré hoy como si fuera el último día de mi existencia. ¿Y qué haré entones? Olvidándome del ayer, no pensaré tampoco en el mañana. ¿Por qué arrojaré el ahora detrás del quizá? ¿Puede la muerte que se producirá mañana proyectar hacia atrás su sombra y oscurecer el gozo de hoy? ¿Debo atormentarme con problemas que tal vez nunca ocurrirán? El mañana yace sepultado con el ayer. Viviré este día de mi existencia.

Este día es todo lo que tengo y estas horas son ahora mi eternidad. Saludo este amanecer con exclamaciones de gozo, como un preso a quien se le conmuta la sentencia de muerte. Elevo mis brazos con agradecimiento al Señor por este don inapreciable de un nuevo día.

Viviré este día como si fuese el último día de mi existencia. Si malgasto el hoy, destruyo la última página de mi vida. Por lo tanto no retornaré jamás.

Eludiré con ahínco a todo aquello que mata el tiempo. A la indecisión la destruiré con acción, sepultaré las dudas bajo la fe, y el temor lo derrotaré con confianza. Los deberes de hoy cumpliré hoy. Acariciaré a mis padres.

Abrazaré a mi compañera y la besaré dulcemente, mañana ya no estará ni tampoco yo. Hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado, mañana ya no clamará pidiendo ayuda ni tampoco yo podré oír su clamor.

Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si es mi último día, será mi momento más grande. Este día haré el mejor de mi vida.


Aprovecharé los minutos hasta su máximo. Lo saborearé y daré gracias. Trabajaré con más ahínco que nunca y exigiré a mis músculos hasta que pidan el alivio y aún así continuaré. Haré que cada minuto sea más fructífero y fecundo que las horas de ayer. Mi último día en esta tierra deberá ser mi mejor día. Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si no lo es, daré gracias a Dios por darme una nueva oportunidad”.

La vida que tienes es la única, por lo tanto es perfecta. Cada quien le da su toque personal. Pero este mundo, tal como lo conoces, dejará de existir. Si todo lo que está aquí va a desaparecer, ¿Qué es lo que realmente quieres hacer AQUI? Porque AQUI es el único lugar en que verdaderamente puedes vivir.

No eres responsable de la cara que tienes...

Eres responsable de la cara que pones.

Anónimo

La creatividad es la puerta de la innovación


Tal como lo han hecho muchos humanos en el pasado, la creatividad sigue siendo la herramienta fundamental para abrir las puertas de la innovación. Desde los primeros inventos, el hombre se ha aventajado en su poder creador para dar vuelo y luz a su imaginación. Chispas de curiosidad, acompañada con un deseo de realización y mucha pasión, han sido los causantes de la realidad que hoy todos nosotros estamos viviendo. Navegue-mos por la historia para conocer algunos secretos, en el pensamiento, de dos genios de la creatividad.


Leonardo da Vinci, por ejemplo, decía: “¡Quiero hacer MILAGROS!”, y a partir de esa idea no olvidaba que “el conocimiento de todas las cosas era posible”. Leonardo fue pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, físico, biólogo, geómetra, botánico, modisto, inventor de juegos de salón y de utensilios de cocina, cartógrafo, autor de tratados de óptica, diseñador de jardines, decorador de interiores, urbanista, fundidor... y en cada una de estas facetas sus capacidades asombraron a sus contemporáneos.

Posiblemente no haya en la historia de la humanidad, un hombre con un pasado tan completo. Algunos de sus inventos más famosos son: el salvavidas, el traje de buceo, el concepto del helicóptero, autor de La Gioconda, diseñador de las armas más mortíferas que hubiera podido haber en su tiempo, el cañón, el paracaídas, dibujos sobre el cuerpo humano, incalculables estudios sobre el vuelo, entre muchos más. Su gran secreto, la diversidad por comprender y crear a su estilo. Hoy vemos que estas capacidades son indispensables para marcar pauta en el estilo de hacer negocio.

Estamos viviendo una era de imposibles, tallados a la lógica posible del gusto del consumidor. Las empresas que hoy piensen como Da Vinci lograrán aprender a ver distinto. Para ello preparan el aprendizaje, como lo reafirmaba este hombre: “Todo nuestro saber procede de lo que sentimos”.

Algunos de los pensamientos más interesantes de Leonardo, los detallo a continuación: En estos tiempos necesitamos empresas que sean catalogadas como Da Vinci: “Un hombre que se despertó demasiado temprano, cuando aún estaba oscuro y todo dormía”.

El otro héroe de la historia que voy a escoger es Albert Einstein. A él lo catalogaban como un ser que no cometía errores, y a pesar de ello, muchas veces los cometía de manera intencional para abrir las puertas al descubrimiento. Como decía Cicerón “Nada nuevo es perfecto”, pero Einstein apoyaba su genialidad en la habilidad para sostener una visión firmemente hasta que se convertía en realidad.

Albert Einstein reúne una colección de pensamientos, que fácilmente podemos acomodar, como el jardín creativo a la puerta de la innovación. Veamos, pues, algunos de ellos:

- “No tengo ningún talento especial. Sólo soy apasionadamente curioso”.

- “La realidad no es más que una ilusión, si bien una muy persistente”.

- “Quienquiera que se establezca como juez en el campo del conocimiento y de la verdad, naufragará ante la carcajada de los dioses”.

.- “El que nunca ha cometido un error, nunca ha intentado algo nuevo”.

- “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana, no estoy tan seguro del universo”.
- “Lo importante es no dejar de cuestionarse”.

- “No todo lo que cuenta puede contarse y no todo lo que puede contarse cuenta”.

Los intentos para romper moldes tienen éxito sólo si logra fracturar sus propios hábitos de pensamiento.

La obra de Albert

Einstein es una prueba viva de las habilidades que necesitamos capacitar en los estudiantes y trabajadores de la nueva era: curiosos, despiertos, atentos a la sospecha de lo nuevo, anticipadores de novedades, arriesgados, proactivos y sobre todo dedicados en lo que quieren.

El tiempo pasa, los creativos van y vienen y la novedad se mantiene como filosofía de vida.

¿Qué estás haciendo tú?

El rechazo aniquilador del alma


Desarrollar sanamente nuestra alma y la de nuestros seres queridos no es una tarea sencilla. Hemos visto que la escasa provisión de las necesidades básicas del alma genera una autoestima endeble. Sabemos que esto repercute en nuestro comportamiento y la calidad de nuestras relaciones. Establecer buenos lazos con los semejantes es el principal reto de las familias y de toda organización humana. Lamentablemente es más fácil destruir que construir. Es sumamente sencillo derribar la confianza y sentido de pertenencia de los demás.

Hay una actitud que lacera terriblemente la autoestima humana. A este agresor se le ha denominado el asesino del alma. Se trata del rechazo, el cual es la antítesis de las necesidades básicas del alma. Al rechazar a alguien golpeamos directamente su necesidad de aceptación y respeto. Las heridas que provoca el rechazo son profundas y dolorosas. Como dijimos anteriormente las personas pasamos nuestra vida intentando ganar la aceptación de los demás. Cuando nos rechazan sentimos que nuestros esfuerzos han sido vanos y la inseguridad toma lugar en nuestro corazón.

Una persona que se siente rechazada tiende a desarrollar amargura. Si el rechazo es el asesino del alma, la amargura es su cáncer. Como todo cáncer, la amargura se multiplica e invade la naturaleza emocional. Al afectar la mente y el corazón genera actitudes negativas. Dentro de las consecuencias más comunes de la amargura están el aislamiento afectivo, la rebeldía y el protagonismo negativo. Por esto último me refiero a creer y sentir que los demás desean perjudicarnos constantemente. Junto con estas enfermedades del alma es común experimentar culpa, dureza de corazón, timidez, agresividad, deseos de venganza, inestabilidad emocional y un duro juicio contra los seres más cercanos y la sociedad en general.

Hay varias maneras de reconocer si la amargura ha tocado el corazón. Una de ellas es identificar si existe incapacidad para dar y recibir expresiones de cariño. Esto lo vemos cuando alguien rechaza que le abracen. Si alguien intenta manifestar su cariño con un abrazo, estas personas desean desaparecer. Ante el contacto físico sus hombros se endurecen y se sienten sumamente incómodas. Tienen miedo de recibir y dar expresiones de cariño.

La razón principal por la que un corazón amargado evita abrirse a relaciones afectivas es temor al rechazo. Quien vive con amargura abrió su corazón, lo puso a disposición de alguien más y en lugar de cariño recibió agresiones. Tal es el caso cuando un ser querido nos engaña, critica o muestra indiferencia. Para evitar que esto vuelva a suceder la naturaleza humana echa a andar un mecanismo de defensa para protegerse de otra desilusión.

Cuando el corazón se cierra para evitar ser herido nuevamente, también elimina la posibilidad de recibir expresiones de cariño sinceras. Imagine la palma de su mano extendida y dispuesta para recibir. De pronto en lugar de obtener algo bello recibe un golpe que la contrae. La palma abierta se transforma en un puño cerrado con los dedos apretados. En esta posición no existe ni un hueco por donde pueda penetrar algo. Así se pone un corazón que ha sido lastimado. De esta manera queda un alma que ha vivido bajo el rechazo.

Un alma cerrada pierde su capacidad para tomar y dejar ir. Una persona con amargura no puede recibir expresiones de bondad. Tampoco las ofrece pues teme que le vuelvan a lastimar y prefiere no correr el riesgo. Así, una persona que fue creada para dar y recibir afecto se priva de ese derecho y privilegio. Sus relaciones se tornan incompletas, protocolarias y por lo mismo insatisfactorias. A esta actitud ante la vida la he denominado “aislamiento afectivo”. Este es el caso de personas muy reservadas. Su inexpresión llega a convertirse en parte de su personalidad. Incluso su comunicación afectiva con su cónyuge e hijos es prácticamente ninguna.

Conviene aclarar que hay personas de temperamento introvertido que tienden a ser poco cariñosas y que no necesariamente sufren aislamiento afectivo. Simplemente su introversión limita su expresión. Pero esto puede cambiar cuando el individuo convive con personas expresivas y afectuosas.

El siguiente caso me sorprendió sobremanera. Carlos es un hombre de cuarenta y tantos con más de 19 años de matrimonio. Olivia, su esposa, se quejaba de que él era poco cariñoso, pero su inexpresividad alcanzaba niveles extremos. El temor de Carlos a relacionarse con los demás era tan grande que lo transmitía a su familia. Constantemente se enojaba cuando Olivia saludaba a las demás personas. Más que una situación de celos, le molestaba que perdiera tiempo conversando. Él mismo evitaba encontrarse con la gente.

El aislamiento afectivo lo encontramos tanto en hombres como en mujeres sin importar su edad. Los individuos que padecen este síndrome generalmente ignoran que su actitud perjudica a su familia. Confunden la necesidad de amor de los suyos con cursilería. Esconden su temor a abrirse con argumentos como: “así soy yo”, “mi naturaleza es reservada”, “por qué se quejan si no les hago mal alguno”, etc. Su amargura les roba la libertad para disfrutar sus encuentros con los demás. Se resisten a recibir manifestaciones abiertas de cariño y son inexpresivos incluso durante sus relaciones íntimas.

Las actitudes que lastiman a la gente pueden ser planeadas o no, pero el resultado es el mismo. Cuando alguien nos rechaza no necesariamente tiene la intención de hacerlo. Esto es similar a cuando ocurre un accidente y alguien sale lesionado. Lo más importante no es quién provocó la tragedia, sino atender a las personas que resultaron heridas. Quizás quien generó el percance jamás se enteró de lo sucedido. Pero es un hecho que alguien salió lastimado y hay que sanarle.

Cuando reflexionamos sobre nuestro pasado encontramos seres humanos que nos rechazaron. Incluso algunos de ellos quizá lo hicieron con intención. A pesar de ello nuestro enfoque debe estar en qué podemos hacer para salir adelante a pesar de lo sucedido, no en a quién debemos responsabilizar. Buscar culpables no resuelve el problema, sólo agrega rencor al pesado costal que cargamos.

Fuente: Sanando las heridas del alma
Autor: Rafael Ayala.

La necesidad de algo más

Hay en mucha gente hoy dentro y fuera de las organizaciones, la necesidad de encontrar algo más que llene muchos de los vacíos que nuestra forma de operar en sociedad nos ha impuesto. Si bien se siente, como que no se ha tenido la capacidad de expresarlo a viva voz, pareciera que hemos decidido vivir con ese vacío y en lugar de dejarlo salir y manifestarlo, nos enfocamos entonces en llenarnos frenéticamente de actividades que ocupen la mayor parte del tiempo del cual disponemos. Pareciera que el nivel de bienestar individual guardara proporción directa con los niveles de compromisos y actividades.

Muchas preguntas se acomodan en fila ante nosotros, en los momentos de más tranquilidad: ¿cómo debemos hacer para manejar las presiones de un ambiente cuyo nivel de convulsión crece gradualmente? ¿cómo enfrentar las tensiones y conflictos presentes en nuestro mundo laboral sin sucumbir al cinismo que viene apalancado por los temores? ¿cómo poder expresar y manifestar nuestro verdadero ser ante un entorno poco confiable, con unas relaciones basadas principalmente en los intereses dentro del mundo corporativo? ¿a qué se debe que el ejecutivo promedio tenga una vida tan atareada y ocupada, que hace difícil hasta responder una llamada, mucho menos entonces dedicar tiempo de calidad a su familia?

La visión predominante en la concepción y operación de las organizaciones y los individuos, viene determinada fundamentalmente desde una perspectiva que valora el poder de lo externo para moldear nuestras decisiones y acciones. El análisis racional nos ha hecho transitar la senda de lo observable, cuantificable y por tanto, estimamos nosotros predecible. Nos hemos desarrollado en un mundo analítico, basado en las ciencias naturales, los cálculos, la ciencia y el análisis lógico racional.

El extraordinario desarrollo económico de la mayoría de las sociedades, con su abundante oferta de bienes y servicios, ha reforzado la visión materialista del éxito individual. Pareciera que hemos olvidado que medido así, el éxito es algo inalcanzable por definición. ¿Cuándo y cuánto más será suficiente?

¿Nos ofrece esta visión un camino para manejar las crecientes tensiones y polaridades propias de una sociedad heterogénea? ¿cómo nos alejamos de los temores para operar en función de la fe y la confianza entre nosotros?

Un punto de inflexión

En los albores de este nuevo milenio, de manera creciente se comienzan a observar conductas individuales y colectivas que buscan respuesta a preguntas más fundamentales en el que hacer humano. Vemos que individuos y organizaciones comienzan por preguntarse cuál es el propósito o razón de ser, qué es lo que realmente nos inspira, cuál es la contribución al bien común, cómo me conecto con mis semejantes para alcanzar fines superiores.

Cuando esto comienza a ocurrir, como de hecho ya es evidente en el plano individual y en algunas organizaciones, se siente que comenzamos un punto de inflexión. El mismo nos revierte la tendencia histórica y no es más que buscar ahora dentro de cada uno, las respuestas que hasta ahora hemos tratado de conseguir en el mundo exterior. Con la visión anterior, habíamos venido abandonando progresivamente el centro del individuo y por tanto la paz y serenidad necesarios para un desarrollo armonioso y sustentable.

Hoy hablar de desarrollo y crecimiento personal es algo común a título individual y organizacional. Cada vez que se tienen charlas o conferencias de este tipo, los auditorios se llenan de gente ávida de mejorar sus vidas.

Cuando en las organizaciones hablamos de la necesidad de incorporar un lenguaje más humano y menos mecánico, que busque el significado y la trascendencia de las acciones, cuando nos preguntamos cuál es el fin último de la organización y planteamos que ha de ser algo trascendente, vemos ese brillo en los ojos que denota la plena identificación con este enfoque más abarcador y adecuado a la verdadera dimensión de las empresas.

El reconocimiento de que la riqueza material es deseable pero insuficiente, que está de hecho ha de ser redefinida para incorporar el aspecto social de la misma, que el dinero es un instrumento de cambio y de transformación, un medio, pero no un fin en sí mismo, que los aspectos emocionales y espirituales son indivisibles e inseparables del comportamiento de las personas tanto en soledad como en las organizaciones, comienzan a regalarnos un brillo encandilador y magnético, que identifica voluntades y almas, que hace que sumar y multiplicar se convierta en un proceso natural, alineando esfuerzos en la búsqueda de organizaciones más sinceras y desarrolladas, que operan en niveles de conciencia superior, para beneficio de todos los que de ella dependen.

Lo que hoy comienza a ocurrir en la gerencia, en mi opinión, es un movimiento similar al ocurrido en la física, cuando de lo macro vamos a lo micro, cuando de la mecánica clásica, evolucionamos a entender la profunda belleza y significado de la mecánica cuántica, con su impacto en la concepción del mundo y de la vida.

Cuando de lo visible y grande, descubrimos un mundo de lo pequeño y poderoso, lo que realmente hace la diferencia: las fuerzas de lo humano. Este pensamiento de William James, de finales del siglo XIX, apunta en esa dirección:

“Estoy harto de las grandes cosas y de los planes grandiosos, de las grandes instituciones y de los éxitos enormes. Me inclino por esas fuerzas humanas, minúsculas e invisibles que operan de un individuo a otro, reptando como raicillas a través de las grietas del muro o como el rezumado capilar del agua que con tiempo suficiente derribará los mas grandes monumentos del orgullo”.


El amor y el taxista


Me encontraba en la capital y viajaba en taxi con un amigo. Cuando nos bajamos del taxi, mi amigo le dijo al conductor:

- Gracias por el viaje. Condujo de maravilla.

El taxista se sorprendió durante un segundo y preguntó:
- ¿Se cree muy inteligente o algo parecido?
- No, querido amigo, no intento tomarle el pelo. Admiro la forma como se mantiene controlado en medio del tráfico pesado.
- Si, si, como no, dijo el taxista, y partió.

¿Qué fue todo eso?, pregunté.
- Intento traer de nuevo el amor a la capital, respondió él. Creo que es lo único que puede salvar la ciudad.

¿Cómo puede un hombre salvar la capital?

- No es un hombre. Creo que logré que el taxista tenga un buen día. Supongamos que hace 20 viajes. Va a ser atento con esos veinte pasajeros, porque alguien fue amable con él. Esos pasajeros a su vez serán más amables con sus compañeros o con sus vendedores o con sus meseros o, incluso, con sus propias familias. Finalmente, la buena voluntad se extenderá al menos hacia 1.000 personas. Eso no es malo, ¿no lo crees así?

Sin embargo, cuentas con que ese taxista extienda tu buena voluntad hacia otras personas. No depende de eso, respondió mi amigo. Estoy consciente de que el sistema no es infalible y que puedo tratar con 10 personas diferentes hoy. Si entre las 10 puedo lograr que tres sean felices, entonces, finalmente, puedo influenciar de manera indirecta las actitudes de 3.000 más.

Suena bien en teoría, admití, pero no estoy seguro que dé resultado en la práctica. No se pierde nada si no da resultado, y muchos menos con intentarlo. No me quitó tiempo decir a ese hombre que hacía un buen trabajo. No recibió una propina mayor ni una menor. Si mis palabras encontraron oídos sordos, ¿qué puede suceder? Mañana habrá otro taxista a quien pueda intentar hacer feliz.

Estás un poco chiflado, opiné. Eso demuestra lo cínico que has llegado a ser. Llevé a cabo un estudio sobre esto. Lo que parece faltar a muchos empleados, además del dinero, por supuesto, es que nadie dice a las personas que trabajan en las empresas el buen trabajo que desempeñan. Muchas veces creen que no están haciendo un buen trabajo. No lo están haciendo porque sienten que a nadie le importa si lo hacen o no.

¿Por qué alguien no debe dirigirles unas palabras amables? Pasamos frente a una construcción y junto a cinco trabajadores que almorzaban. Mi amigo se detuvo. Es magnífico el trabajo que están haciendo, les dijo mi amigo. Debe ser un trabajo difícil y peligroso. Los cinco hombres miraron con sospecha a mi amigo.

¿Cuándo estará terminado?

En junio, respondió un hombre. ¡Ah! Es en verdad impresionante. Todos deben estar muy orgullosos. Cuando esos hombres comprendan mis palabras, se sentirán mejor por eso. De alguna manera, la ciudad se beneficiará con su felicidad. ¡No puedes hacer esto solo!, protesté. Eres sólo un hombre. Lo más importante es no desanimarse.

Lograr que la gente en la ciudad sea amable de nuevo no es trabajo fácil, pero sí puedo conseguir que otras personas tomen parte de mi campaña… Acabas de guiñarle el ojo a una mujer poco atractiva, opiné. Sí, lo sé, respondió él. Si es una maestra de escuela, su clase tendrá un día fantástico; si es una secretaria, su jefe se sentirá muy bien atendido hoy; y si es una madre, le dará más cariño hoy a su hijo y a su pareja…

¿Cuento contigo?
La historia es tomada del libro “Amor al trabajo”. Y el escrito pertenece a Art Buchwald.
Por si tiene alguna duda, escuche a la Madre Teresa:

“Nunca considero que las masas sean mi responsabilidad. Miro a la persona. Sólo puedo amar a una persona a la vez. Sólo puedo alimentar a una persona a la vez. Sólo a una, una, una… Por lo tanto, ustedes empiezan y yo empiezo. Elegí a una persona.

Tal vez, si no hubiera elegido a esa persona, no habría elegido a 42.000. Todo el trabajo es sólo una gota en el océano. No obstante, si yo no hubiera vertido esa gota, el océano tendría una gota menos. Lo mismo sucede con ustedes, con su familia, con la iglesia que visitan… uno, uno, uno…”.

Esto se llama libertad


Ella cumplía años y esperaba vehementemente la llamada de alguien muy querido. Anochecía y ya había recibido muchas felicitaciones, menos la de Carlos, ese amigo entrañable. La cumpleañera tomó el teléfono y lo llamó:
• ¡Aló!, ¡¿Carlos?!.. Sí… ¿quién es? Yo.
• ¿Y quién es yo?, ¡Marta!
• ¡Marta!, ¡Qué alegría de..!
• Un momentico… Carlos, ¿sabes qué día es hoy?
• ¿Hoy?, bueno, es miércoles… pero… ¿Qué día especial?
• ¿Día de la independencia? No.., ¿De la raza? Tampoco…
• Marta, …no sé…
• Carlos, ¡hoy es el día de mi cumpleaños!
• ¡Oye, es verdad!, ¡se me había olvidado!
• Yo sabía, por eso llamo para recordártelo.
• Marta, quiero desearte… No, no, no… no me felicites todavía, ahora voy a colgar y entonces me llamas tú, ¿Okey?
• Y así sucedió, la cumpleañera se alejó inmediatamente del teléfono y dejó que otra persona contestara; se hizo ahora la difícil.

¡Marta! …¡Marta, te llaman por teléfono!, gritó la mamá.
¡¿Quién me llama?!, ¡Carlos!..

¡Aló!.. ¡Gracias Carlos, no esperaba menos de ti!, contestó ella satisfecha. Esa noche, la noche de su cumpleaños durmió feliz y tranquila. Algunos convierten el día de su cumpleaños en el día de su sufrimiento o, simplemente, en su día especial.

Cuando quieras que alguien te ame, ámalo tú primero; también acepta que te amen antes de que empieces a amar. Cuando alguien no te felicita, no es porque no te quiere sino porque se le olvidó.

Olvidar no es odiar, odiar es romper una amistad o una relación y olvidar es dejar de hacer cosas que se te-nían pendientes. Y a cualquiera se le puede olvidar hasta las cosas y momentos más importantes. Si alguien no te ama, ámalo tú y si alguien no te llama, recuérdaselo para que te llame.

Fuente: Un cumpleañero anónimo, que le recordó a su amiga que lo llamara en su fecha de cumpleaños.

Quiero terminar estas palabras, con un espectacular mensaje de William Shakespeare, que simboliza el desaprendizaje de muchas facetas de la vida, y el reaprendizaje de un estilo mejor. Disfrútenlo:

Aprenderás ... Aprenderás ... Aprenderás

Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.

Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas... comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto, y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado... aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas...

Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma.

Descubrirás que lleva años construir confianza, apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida. Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa qué es lo que tienes, si no a quién tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.

Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, sólo por el placer de disfrutar su compañía.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la última vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero no-sotros somos los únicos responsables de lo que hacemos.

Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.

Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.

Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve...

Aprenderás que si no controlas tus actos, ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: Siempre existen dos lados.

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias.

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.

Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte.

Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.

Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo.

No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo. Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.

Aprenderás que no importa en cuántos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.

Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar, que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más.

¡¡Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla!!






Dos reflexiones para estos tiempos

El secreto del cofre

Hace muchísimos años, vivía en la India un gran sabio, de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacía ser un triunfador en todos los aspectos de su vida y que, por eso, se consideraba el hombre más feliz del mundo.

Muchos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero, y hasta intentaron robarle para obtener el cofre, pero todo era en vano. Mientras más lo intentaban, más infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir. Así pasaban los años y el sabio era cada día más feliz.

Un día llegó ante él un niño y le dijo: Señor, al igual que tú, también quiero ser inmensamente feliz. ¿Por qué no me enseñas qué debo hacer para conseguirlo? El sabio, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo: A ti te enseñaré el secreto para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y estos son mi mente y mi corazón, y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida...

El primer paso, es saber que existe la presencia de Dios como ser supremo en todas las cosas de la vida, y por lo tanto debes amarlo y darle gracias por todas las cosas que tienes.

El segundo paso, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, yo soy capaz, yo soy inteligente, yo soy cariñoso, yo espero mucho de mí, no hay obstáculo que yo no pueda vencer. Este paso se llama Autoestima y es importante tenerla en un nivel alto.

El tercer paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama Motivación.

El cuarto paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas. Este paso se llama Eliminación de Envidia.

El quinto paso, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie, ese sentimiento no te dejará ser feliz; deja que las leyes de Dios hagan justicia, y tú perdona y olvida. Este paso se llama Perdón.

El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, mañana te quitarán algo de más valor. Este paso se llama Respeto por las Cosas y Derechos Ajenos.

El séptimo paso, es que no debes maltratar a nadie, todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera. Este paso se llama Compasión.

Y por último, como paso final, debes levantarte siempre con una sonrisa en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a los demás, sin esperar nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfadores y que de esta manera, puedan ser felices como tú ya lo eres.

Fuente: Autor desconocido

Los poderes del ser humano

Los sueños nos impulsan a realizar grandes proyectos, la fantasía precede a la realidad.

Las ilusiones son las esperanzas del corazón, nos llena de optimismo la expectativa de una sorpresa que nos cambie la existencia.

La fe nos da la certeza de que nuestros proyectos se convertirán en realidad.

El ánimo nos invita a iniciar la acción y es el primer paso a conquistar nuestras metas.

La alegría nos permite avanzar atrayendo a los seres más hermosos y nuestra existencia se llena de luz.

La tenacidad nos permite insistir hasta vencer y nos da la firmeza de no abdicar hasta vencer.

El entusiasmo nos da la estrella que ilumina cada una de nuestras acciones.

La humildad nos abre las puertas de la sabiduría.

La disciplina nos da el pasaporte al éxito, Dios nos concede todo lo que deseamos a cambio de nuestro esfuerzo.

El conocimiento logra hacer posible lo imposible.

Las emociones nos impulsan para luchar por lo que queremos.

La creatividad nos da el poder de lo infinito.

La comunicación nos permite crecer en la armonía.

Los valores nos permiten vivir con dignidad y respeto.

El amor nos concede la plenitud y en su más sublime expresión nos da el poder y la posibilidad de manifestar nuestra grandeza y de mostrar nuestra semejanza con Dios.

Fuente: Autor desconocido

Conocer Nuestro Verdadero Interior

Ante todo es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones, es necesario descubrir nuestro destino para poder tomar la firme determinación de dirigirnos hacia él. Una vez tomada esta determinación, nuestro espíritu se verá libre de toda vacilación e inquietud.

En cuanto se haya consolidado esta serenidad y tranquilidad de espíritu, gozaremos de una profunda paz interior que ningún acontecimiento podrá alterar. Cuando gocemos de esta paz inalterable, estaremos en condiciones para meditar y penetrar en la esencia de todas las cosas. En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos propuesto.

Confucio
Este pensamiento de Confucio es propicio, para conocer dos historias que nos ayudarán a comprender mejor su enseñanza.
Primera historia: Una leyenda muy vieja

Una vieja leyenda explica que hubo un tiempo en el que todos los hombres eran dioses. Se dice que abusaron tanto de su divinidad que el Dios Supremo, decidió quitarles el poder divino y esconderlo en un lugar inaccesible. El gran problema fue encontrar el escondite apropiado. Cuando los dioses menores fueron convocados para resolver el problema, propusieron:

Vamos a enterrar la divinidad del hombre bajo la tierra. Pero el Gran Dios respondió: “No será suficiente. Cavará y cavará y al final la encontrará”.

Entonces los dioses propusieron: “En este caso podemos esconder la divinidad en lo más profundo de los océanos”.

El Gran Dios respondió: “No, pues tarde o temprano el hombre explorará las profundidades de los océanos y seguramente un día la encontrará”.

Entonces los dioses menores dijeron: “No sabemos dónde esconderla. Parece que no hay un lugar en el cielo ni en la tierra ni en el mar, donde no pueda descubrirla algún día”.

Y, entonces, el Gran Dios dijo: “Esto es lo que haremos con la divinidad del hombre, la vamos a colocar en lo más profundo de sí mismo. Será el único lugar donde nunca se le va a ocurrir buscar”. Desde la noche de los tiempos, dice la leyenda, el hombre ha dado la vuelta a la tierra, la ha explorado, escalado, navegado y cavado, buscando algo que tiene en su interior.

Segunda historia: Algún lugar

Hace ya muchos años, en los vastos dominios del espacio, nació un planeta. Era una gran masa de tierra rodeada de océanos. Su nombre era Algún Lugar. Algún lugar estaba acosado por terribles problemas, tanto internos como externos. Sus tribus combatían encarnizadamente, sufría terremotos y huracanes y tenía volcanes en erupción que iban modificando su geografía constantemente. La imagen de Algún Lugar, tal y como se reflejaba en el espejo celestial de su propia atmósfera, estaba cambiando continuamente; cuando se había acostumbrado a una forma, cambiada a otra. Esto era muy triste. Algún Lugar no sabía quién era.

Sus problemas externos incluían también meteoritos que iban estrellándose unos contra otros y cayendo sobre el planeta, destruyendo aún más los rasgos de Algún Lugar. Por no hablar de los problemas que tenía con las tres lunas que orbitaban en torno a él y los dos soles alrededor de los cuales,

Algún Lugar giraba. Las tres lunas influían en sus mareas, empujando y atrayendo en varias direcciones y causando grandes inundaciones, maremotos y remolinos gigantes. Su órbita alrededor de los soles, en forma de ocho, provocaba que, por la noche, se congelase por el frío y de día el calor lo abrasara. Su existencia era imprevisible y caótica. Sólo había una cosa segura: La supervivencia era una lucha interminable. Algún Lugar había perdido la esperanza; sentía que no lo podía soportar, ya que no tenía la fuerza necesaria para resistir la terrible tensión, el constante “estira y afloja”.

Los planetas son cuerpos solitarios; no pueden encontrarse unos con otros y, por lo tanto, aprender los unos de los otros.

¿Qué podía hacer Algún Lugar?

En su desesperación miró hacia su interior. En lugar de estudiarse en el espejo de su atmósfera, se miró a sí mismo como nunca lo había hecho entonces. Vio partes familiares, como capas de tierra, pozos, arroyos y ríos subterráneos; cuevas y raíces vegetales; partes desconocidas como capas de carbón negro, depósitos de petróleo que fluían lentamente y filones de oro, plata y gemas brillantes. Y, debajo de todo esto, una zona estable y pesada que ni siquiera la tormenta más violenta podría mover, empujar o deformar. Era un poderoso imán y una fuente de energía. Algún Lugar nunca había conocido esa parte de sí mismo.

¿Quién eres tú?, le preguntó.
Yo soy tu núcleo.
¿Y para qué sirves?, preguntó Algún Lugar.

Soy para ti, dijo el núcleo.

Soy tu centro y te mantengo estable en tu sistema solar.

Los problemas externos sólo se añaden a mi poder y energía. Ahora que por fin me has encontrado, podremos trabajar juntos para influir en lo que nos rodea y alcanzar nuestro destino.

¿Por qué no me habías hablado antes?, preguntó Algún Lugar.

No tenía voz, le contestó el núcleo, hasta que me encontraste. Sólo prestabas atención a tu mundo exterior; ahora estás empezando a fijarte en tus recursos interiores. Piensa en los tesoros de los que hoy te has dado cuenta por primera vez. Eres mucho más rico de lo que jamás has pensado. Tus partes ocultas han estado trabajando contigo todo este tiempo. No estás solo. Algún lugar ocupó su espacio en el universo. Conocer su núcleo interior y sus recursos, le permitió completar su viaje hasta su destino.

Fuente: Escrito de Channah Cune, tomado por relatos de ecología emocional de Soler y Conangla.

Son mías las iniciales pequeñas

Cada vez que mecanografío una carta para el médico para quien trabajo, al final de la página pongo sus iniciales con letras mayúsculas y, junto a éstas, las mías en minúsculas. “Las iniciales pequeñas son mías”, comenté a un empleado nuevo un día, al revisar la correspondencia anterior. Después, medité sobre esa frase. ¿Qué significaba? ¿El médico importante y ocupado en contraste con la secretaria insignificante?

No, no es así como considero mi trabajo. Hay muchas recompensas y satisfacciones al ser la secretaria de un médico. En su consultorio, el médico escribe una receta que calmará el dolor y, por medio del diagnóstico, puede llevar a cabo una curación. Sin embargo, muchas de las recompensas están de mi lado de la puerta.

Soy la primera en ver el rostro sonriente de una persona que, al salir del consultorio, se aferra a la esperanza y a la seguridad con la misma fuerza con la que sostiene una muestra del medicamento o una receta. Con frecuencia, soy el vínculo con el médico y al decir simplemente:

“Él le agradará mucho; es fácil hablar con él”, veo que se relejan los músculos de la mandíbula y que los ojos pierden un poco de la ansiedad que acompaña a la cita con un médico nuevo. Consuela a un paciente saber que, aunque es imposible que el médico conteste el teléfono, la secretaria tiene tiempo para escuchar y puede confiar en que le dará el mensaje. Trato de mantener en mente que ése es el motivo por el que estoy aquí y, también, ¡el motivo por el que con frecuencia estoy retrasada en lo que tengo que mecanografiar! He entregado mensajes tan importantes y, en ocasiones, tan atemorizantes, que no pude concentrarme en nada más hasta haberlos dado.

Al responder el teléfono, puedo escuchar cosas rutinarias, como la noticia de que la cama que solicitamos en el hospital ya está disponible o algo tan espeluznante como una voz aterrada que grita: “Lo intentó de nuevo”, refiriéndose al suicidio. He recibido algunos regalos especiales. Hay tres que aprecio mucho. El primero es un ángel de cartón pegado con cinta adhesiva en la pared detrás de mi escritorio. Fue pintado por una pequeña mano cuyos músculos no estaban en muy buenas condiciones y me lo regaló en Navidad un niño que padece retraso mental. Los otros dos son intangibles, pero no menos reales.

Uno me lo dio una paciente nueva. Los años la habían marcado con un padecimiento doloroso. Empecé a conversar con ella y terminé con mi indicación de costumbre: “Ya puede pasar al consultorio del médico”. Ella se levantó despacio de la silla y respondió: “Pensé que usted era el médico”. El último regalo me lo dio un anciano agradable, con rostro de color caoba, coronado con cabello cano. Empujó el rabillo de un lápiz y un sobre arrugado hacia mí, antes de irse y dijo:

- Señorita, ¿podría anotar su nombre en este papel?
Por supuesto, pero ¿por qué desea conocerlo?
- Porque ha sido muy amable y me gustaría conocer su nombre.

Salió arrastrando los pies y guardé su cumplido en el lugar de mi corazón que reservo para cosas muy especiales. Nuestros caminos se cruzaron de nuevo un día. En esa ocasión la crisis estaba en mi vida, no en la suya. Mientras las lágrimas rodaban por mi rostro, él dijo con voz suave:

- Rezaré por usted.

En la correspondencia de un mismo día, envié una carta a una madre preocupada, dándole instrucciones sobre cómo ajustar el medicamento para controlar mejor los ataques de epilepsia; una carta a un hombre, aconsejándole que buscara asesoramiento legal; una carta informando que una persona joven y ambiciosa, apartada de la vida normal debido a años de enfermedad mental, ya se había recuperado lo suficiente como para que le devolvieran sus derechos civiles inherentes.

Por la noche, cuando tapo la máquina de escribir y coloco a su lado los expedientes en espera de que se mecanografíen en ellos los informes de progreso, no puedo evitar pensar que son algo más que tinta y hojas de papel. Son los registros de dolor y su alivio; de pesar y cómo se soporta; de problemas y su solución o que son enfrentados y aceptados valerosamente. En resumen, representan las vidas humanas que he tenido el privilegio de afectar. Algunos tienen algo especial imposible de definir, algo que me hace saber que aunque no vuelva a ver a la persona, la impresión que dejó durante una visita única no se borrará nunca.

Al final del día, apago la luz, tomo mis llaves y salgo del consultorio, dejando una parte de mí allí y llevándome el conocimiento de que aunque el servicio, al igual que las iniciales, es pequeño, yo también he servido. Historia de Mildred Brown Duncan, que nos deja una clara enseñanza:

“No hay nada más Grande que una pequeña humildad”; “Que en todo lo que hacemos, la grandeza sólo está en nuestros actos”; “Que todo cuenta, sólo cuando se hace con cariño y dedicación”.

¿Sabía usted que cuando puede decir: “Me gusta mi trabajo”, reduce el riesgo de enfermedad cardiaca? Un estudio llevado a cabo por Massachusetts HEW, que investigó la causa de la enfermedad cardiaca, formuló dos preguntas a los participantes: ¿Es feliz? ¿Ama su trabajo? Los resultados indicaron que aquellas personas que respondieron afirmativamente tienen mejor probabilidad de no enfermarse del corazón.

Deepak Chopra